A la luz de la luna

Era una calurosa tarde de Junio, Valeria, una amiga que no veía desde que terminé mis estudios en la gran ciudad y me volví al pueblo, había decidido, por fin, venir a verme. Estábamos con mi grupo de amigas, las de toda la vida. A Valeria la aceptaron como si llevara toda la vida en el grupo. Tomamos unas cervezas en uno de los bares más concurridos del pueblo y luego fuimos a dar una vuelta por el río

El pueblo era pequeño, no llegaba a los 1000 habitantes, pero tenía mucho encanto y zonas maravillosas. A Valeria se la veía encantada con todo lo que le enseñaba e, incluso, sacó su cámara para retratar los bellos parajes.

Caía la noche, nos quedamos solas ella y yo. Aún me quedaba por enseñarle lo mejor del pueblo, un mirador desde que se veían el pueblo, otros pueblos cercanos y al fondo, la gran ciudad. Parecía más cerca de lo que realmente estaba. Aquella noche brillaba con mucha fuerza la luna. Una luna más grande de lo habitual. Nos sentamos en el capó de mi coche y disfrutamos de la vista. Nos hicimos selfies, nos tomamos alguna cerveza que tenía en el maletero. Yo llevaba un vestido azul con varios dibujos de flores en la zona de la falda. de calzado unas bailarinas que me había comprado el día anterior en el mercado de un azul más claro que el vestido. Valeria llevaba una blusa negra que dejaba ver su sujetador también negro, una falda negra que le llegaba hasta las rodillas cuando estaba de pie, pero sentada en el capó su medida era hasta la mitad del muslos. Unos tacones negro completaban su atuendo. Su melena pelirroja le daba color a ese modelito.

Le dije que ya iba siendo de irse y me bajé del capó. Valeria me agarró del brazo y tiró hacia ella con todas sus fuerzas. Su boca quedó muy cerca de la mía. Nos besamos. La maravillosa postal invitaba a ello pero yo nunca me hubiera atrevido aunque deseaba que sucediera desde que la vi sentada en las escaleras de la universidad el primer día de mi primer año allí. Fue un beso corto pero muy tierno. Se notaba que había amor.

Cuando nuestras bocas se separaron, se acercó a mi oreja y, después de mordérmela, me susurró

– Te amo, Martina, siempre lo he hecho.

No supe que responder. Solo se me ocurrió volverla a besar mientras me volvía a subir al capó. Fue más largo y más tierno. Mis manos se posaron en sus enormes pechos que parecían que iban a explotar, le desabroche los botones y pude “liberarlos”. Mi boca dejó de besar esos labios que tanto había deseado para empezar a besar su cuello. Sus suspiros de placer empezaban a salir de su boca. La luna, brillando en el cielo, observaba la escena mientras ahí seguíamos. Mi boca, ahora, jugaba con los pechos. Pegué un tirón para dejarlos al aire sin quitárselo. La propia Valeria se lo desabrochó. La blusa que colgaba de los brazos también se desprendió. Valeria ya estaba desnuda de cintura para arriba. A pesar de la poca luz que había, pude intuir las maravillosas curvas que tenía y que tanto me enamoraban. Jugué con sus pezones que ya llevaban duros un buen rato. Primero mordía uno, luego otro…

Dejé caer uno de los tirantes de mi vestido. Valeria me bajó el otro tirante. Se sorprendió al intuir que no llevaba sujetador. Me atacó y empezó a jugar con mis tetas. Me dijo que no eran muy grandes pero que eran las mejores tetas que había visto. Yo pensaba que estaba equivocada. Una mujer así había visto muchos pares de tetas mejores que las mías, pero la afirmación me puso bastante más cachonda. Me quité el vestido, tampoco llevaba bragas. Ella se quitó su falda y sus bragas. Y nos quedamos desnudas aunque con el calzado puesto.

El viento apenas soplaba, la brisa era agradable. Todo estaba siendo maravilloso. Me tumbé en el capó con la cabeza apoyada en la luna del coche. Valeria me metió los dedos en mi coño ya empapado. Yo gemía de placer. El eco contestaba todos mis gritos. Empecé a gemir más de seguido cuando Valeria metió la lengua. Yo le agarré la cabeza para que no la sacara bajo ningún concepto. No tardé en correrme aunque retrasé el momento todo lo que pude. Una explosión de jugos salió de mi coño.

Nos besamos mezclando mis jugos y saliva y luego fui yo quién fue directa a por el coño de Valeria. Cada vez que mi lengua tocaba su vagina, ella se retorcía de placer y gemía. Lo que me animó a seguir. Así fue hasta que se corrió. Podíamos estar horas ahí pero ambas decidimos parar en ese momento. Sabíamos que llegarían más veces.

Todas las mujeres que besaron mis labios no fueron porque me gustaran si no para no pensar tanto en Valeria porque creía que era inalcanzable para mí. Así se lo hice saber cuando estábamos de vuelta al pueblo.

Aunque no lo dijimos esa noche habíamos empezado una relación sentimental. Incluso, Valeria, casi sin que yo lo supiera, decidió dejarlo todo en la gran ciudad para venirse al pueblo conmigo. Eso me terminó de enamorar si no lo estaba del todo.

Y así, con la luna como testigo, empezó nuestra historia de amor. Una historia que creí que nunca empezaría

Anuncios

Cristina Castaño

Ayer se emitió el segundo capítulo de “Cuerpo de élite” una serie que me tiene bastante enganchada porque me gusta la mezcla de comedia y acción que tiene. También por las chicas (no lo voy a negar). Hoy traigo a Cristina Castaño que interpreta a Elena Rodríguez Neira en la serie pero es más conocida por su papel de Judith Becker de “La que se avecina”

Quizá no sea la más guapa que ha pasado por aquí pero esta chica a mi me vuelve loca. Quizá por su melena pelirroja o por la simpatía que desprende pero me tiene conquistada. También mi mujer es fan de esta chica así que podemos compartir algún deseo con ella (Esto es un secreto)

Bueno voy a poner unas fotos

El sexo siempre es el mejor deporte

Con el comienzo del nuevo año, Aurora decidió que debía ponerse en forma de una vez por todas. Su familia, que ya había escuchado esa afirmación más de una vez, no se lo creía. Pero esta vez fue diferente.

Tras el período navideño y, tras volver a la rutina, Aurora fue, un frío día de Enero, a un gimnasio cercano a su casa. Se apuntó y pagó la cuota de inscripción. Ese mismo día ya usó las instalaciones. Estuvo 10 minutos corriendo en la máquina para correr. También empezó a levantar pesas de unos 2 kilos de peso. Salió tras pegarse una ducha y con la satisfacción de que, por fin, se hubiera animado a ponerse en formas.

Pasaron las semanas y Aurora estaba sorprendiendo a todos. Iba una hora al gimnasio y, a veces, 2 horas. Nada que ver con esa Aurora vaga que siempre decía lo mismo pero que nunca se ponía a ello.

Un día de esos en los que fue 2 horas conoció a Marina, una chica que, como ella, nunca acababa de decidirse a pisar un gimnasio. El caso de Marina fue distinto, fue obligada por su hermano Gregorio, trabajador del gimnasio. Él quería que Marina bajara un par de kilos que, según Gregorio, le sobraban. Tanta insistencia de Gregorio dio sus frutos y Marina fue a apuntarse.

Rápidamente Aurora y Marina hicieron buenas migas y se ayudaron mutuamente en algunos aparatos. Al acabar la jornada se iban a las duchas y hablaban de sus cosas: De amores, de sus trabajos… Y empezaron a quedar también fuera de las horas que coincidían en el gimnasio.

Un frío sábado de Marzo, Aurora tenía una cena familiar por la noche. Decidió ir por la mañana al gimnasio para un entrenamiento cardiovascular. Al llegar no había nadie (sin contar al personal que trabajaba allí). Se dirigió al vestuario y se puso la ropa deportiva para empezar con el entrenamiento.

No habían pasado ni 10 minutos cuando se abrió la puerta del gimnasio (Desde la posición de Aurora se veía perfectamente). Era Marina. Se saludaron en cuanto se vieron antes de que Marina despareciera por un pasillo que daba a los vestuarios. Al volver, Marina se fue directa a un aparato idéntico al que estaba usando Aurora en ese momento.

Fueron pasando los minutos y allí seguían las dos mujeres y nadie más. De vez en cuando entraba alguien que trabajaba allí para ir al almacén o para salir de él. El hermano de Marina era el que más aparecía por allí para “vigilar” a su hermanita.

Gregorio anunció por la megafonía que el gimnasio cerraría en 1 hora y que por la tarde permanecería cerrado. Aurora paró su máquina y se encaminó al vestuario, le guiñó el ojo a Marina. A los 15 segundos ésta apareció en el vestuario. Vio a Aurora de espaldas pero no llevaba el top que había lucido durante todos los ejercicios. Se quedó paralizada. Aurora tenía una espalda bonita. Eso pensó para sí misma Marina. Cuando Aurora se desprendió de sus deportivas y sus mallas para quedarse completamente desnuda, a Marina se le encendió la bombilla. Se quitó torpemente la ropa. Estaba nerviosa. Había sentido algo que nunca antes había experimentado.

Aurora accionó la ducha y el agua empezó a correr por su cuerpo sin saber que detrás Marina ardía en deseos de probarla. Aurora ya notaba a Marina algo más cariñosa con ella que de costumbre pero jamás pensó que pasaría lo que pasó a continuación.

Marina observó desde fuera cómo el agua iba mojando el escultural cuerpo de Aurora mientras sus manos inquietas empezaban a acariciar su propio cuerpo. Marina pensó que ya estaba bien de mirar. Había que pasar a la acción.

Aurora no lo vio venir. Marina jugó con esa ventaja. Despacio pero sin pausa caminó los apenas 10 metros que separaban el banco donde estaban las cosas de las dos chicas y las duchas. Fue directa a comer el coño de Aurora lo que la hizo gemir muy fuerte por lo inesperado de lo que acababa de ocurrir. Se dio la vuelta y vio a Marina allí de rodillas saboreando su magnífico coño. Apoyada contra los azulejos mojados de las duchas, Aurora gemía de placer. El ruido del agua apagaba dichos gemidos. Marina no paró de comerle el coño hasta que Aurora se corrió. Por lo inesperado del momento no tardó mucho en que eso ocurriera. Los jugos que Aurora expulsaba de su coño se mezclaba con el agua que mojaba toda la escena.

Marina se levantó y las dos mujeres se besaron. Fueron besos llenos de pasión. Había algo de amor en esos besos pero abundaba la pasión. Marina había dejado una de sus manos en el coño mientras se daban esos besos. Movía esa mano con mucha velocidad, lo que provocaba que Aurora le fuera casi imposible seguir besando a Marina.

Marina había soñado muchas veces que se follaba a Aurora y ese sueño se estaba haciendo realidad, lo que le dio más fuerza y energía. La mano seguía jugando con el coño de Aurora que tuvo un segundo orgasmo mientras el agua seguía cayendo siendo testigo de lo que estaba aconteciendo. Aurora bajó besando todo el cuerpo de Marina hasta llegar al coño. Se puso de rodillas en el resbaladizo suelo. Marina apoyó las manos en la pared, con las piernas lo más abiertas que pudo. Aurora metió la lengua y empezó a lamer. Primero muy despacio para que lo sintiera mejor.

La megafonía anunciaba que en 30 minutos se cerraba el gimnasio. Estaba tan absortas que ni siquiera se habían dado cuenta de que llevaban 30 minutos de placer. A pesar de que el agua y los gemidos de Marina ahogaba la megafonía, Aurora pudo oír el mensaje y aceleró el ritmo de su lengua. Eso hizo que los gemidos de Marina fueran más fluidos. El placer de tener por fin a Aurora así y el morbo de saber que su hermano rondaba por el gimnasio y podía pillarlas, hizo que Marina se corriera enseguida.

Como Aurora no paró, tuvo un segundo orgasmo prácticamente seguido. Y casi un tercero pero Aurora no podía más. Tuvo que masturbarse ella misma para llegar a ese tercer orgasmo. Las dos mujeres mezclaron de nuevo sus bocas para continuar con los besos. Y así acabaron. Aurora apagó la ducha y abandonaron esa zona pero no los besos. Mientras se vestían los besos furtivos eran abundantes. No querían que acabara ese momento, pero llegó.

Aurora salió primero del vestuario. Se despidió de Gregorio que parecía no enterarse de nada de lo sucedido. Abandonó el local con una sonrisa de oreja a oreja. Marina salió más tarde. Gregorio se abrazó a ella y ésta solo pudo decir que se había enamorado. Gregorio no hizo preguntas pero empezó a pensar que en esos vestuarios pasó algo más que una simple ducha.

Los dos hermanos abandonaron el gimnasio. Marina no pudo pensar en otra cosa que no fuera en lo ocurrido en aquellos vestuarios. El agua, los azulejos, los bancos y las taquillas habían sido testigos de una pasión jamás vista antes ¿Podía ser el comienzo de una relación sentimental? ¿O, por el contrario, solo fue un calentón puntual? Esa pregunta le rondó en la cabeza a Marina toda la noche

Emma Stone

Ayer mi mujer y yo estuvimos viendo “La La Land” y, hoy he decidido dedicarle el tema a su protagonista: Emma Stone. Ya quería hacérselo desde hace tiempo pero tras ver la peli me dije que era el momento ideal para venir a esta página

¿Qué es lo que más me llama de ella? Sus ojazos que me tienen muy perdida. Su actitud de niña buena con cara de no haber roto ni un plato. Su pelirrojo también me cautiva pero ha demostrado que le queda bien cualquier cambio de look que se haga.

Vamos con un surtido de fotos

Día de nieve

Lucía se encontraba en su casa viendo la televisión. Estaban informando del parte meteorológico. El presentador anunciaba que iba a nevar en los próximos días y que las nevadas serían bastante copiosas. Había muchas provincias en alerta por nieve.

Lo anunciado por el chico del tiempo se cumplió al día siguiente. Un gran manto blanco recibió a Lucía cuando ésta abrió la persiana con la intención de empezar un nuevo día. Se le vino el mundo abajo al ver tanta nieve. Tenía que volver a su rutina, pero ese día no se iba a poder desplazar a la ciudad. Se lamentó al no haberse marchado el día anterior como le había sugerido su madre y algunos de sus compañeros. Se volvió a la cama un rato más.

Cuando volvió a despertar y ya asimilando que se debía quedar un día más, decidió disfrutar del día. Llamó a su amiga Graciela, que era de las pocas chicas de sus círculo que se quedaba en el pueblo todo el año. Quedaron en el Ayuntamiento del pueblo a medio camino de las casas de las dos mujeres.

A las 6, hora acordada, las dos chicas se vieron en el Ayuntamiento. Se tiraron algunas bolas hechas con la gran cantidad de nieve acumulada. Luego fueron a una cafetería cercana a casa de Graciela donde tomaron dos colacaos muy calientes. Hablaron de todo, del porque se había quedado un día más en el pueblo sabiendo como se iba a poner a nevar. De la cafetería pusieron rumbo a casa de Graciela. No había nadie. Solo ellas dos. Se pusieron una peli.

La casa de Graciela estaba fría y no funcionaba la calefacción. Las dos mujeres se abrazaron para intentar entrar en calor, tapadas con una manta. A mitad de película, aprovechando una escena de sexo entre los protagonistas de la cinta. Graciela besó a Lucía, ésta no se esperaba el beso, pero le gustó. Pensó que sería una buena forma de entrar en calor. En el segundo beso, Lucía llevó la iniciativa. Fue mucho más largo que el anterior. Los jerseys pasaron a formar parte del suelo del pequeño salón. Los besos continuaban, a medida que la peli avanzaba. Lucía fue a buscar los pechos de Graciela entre aquella camiseta gorda. Los tocó, los estrujó e incluso los lamió por encima de la camiseta.

Las capas de ropa de las dos chicas iban desapareciendo, conscientes de que el calor había invadido sus cuerpos. Tanto Graciela como Lucía se quedaron en ropa interior. Graciela, tumbada en el sofá, y Lucía, encima de ella, empezaron a frotar sus coños al ritmo de la banda sonora de la película. Una música muy rítmica que, a duras penas, podían seguir. Los gemidos de las chicas pronto pasó a ser el único sonido que se oía en aquella habitación.

Lucía le quitó el sujetador, dejando los pechos de Graciela al aire. Los lamió. Los pezones ya estaban muy duros del placer que sentía. Segundos después, Lucía fue a por las bragas que no tardaron en desaparecer. Metió la lengua y empezó a lamer. Graciela, mientras soltaba los gemidos, le desabrochó el sujetador y se puso a sobar los exuberantes pechos que gastaba Lucía.

Graciela no tardó en correrse. Lo hizo cuando Lucía decidió que, además de su lengua, un par dedos tenían que entrar en la vagina de Graciela. Los jugos salieron como si el coño fuera una fuente. Lucía chupó esos dedos y luego se los dio a Graciela para que también chupara.

Las bragas de Lucía no tardaron en dejar al descubierto el coño depilado que tenía. Graciela fue a por él cómo si no hubiera un mañana. Movió la lengua desde el principio con mucha velocidad, lo que provocó que Lucía se corriera al instante, aunque Graciela seguía lamiendo provocando un segundo orgasmo de Lucía que gemía de placer envolviendo el salón.

Con los créditos de la película, las dos mujeres decidieron parar y vestirse. No sin antes seguir comiéndose a besos. Ninguna de las dos chicas había experimentado antes con otra mujer y a las dos les pareció una grata experiencia. Tanto que ambas decidieron empezar una relación sentimental.

Los padres llegaron 5 minutos después de que Graciela se pusiera la última prenda que estaba esparcida por el suelo. No sospecharon nada, pero en ese sofá surgió el amor entre las dos amigas

Marta Hazas

Ha sido una Bandolera, secretaria en “Velvet” y, ahora, colabora en “El hormiguero” pero yo siempre la recordaré por su papel de Amelia en “El internado”. Hablo de Marta Hazas.

Simpática, guapa, y tiene talento para actuar. A mí me encanta, personalmente, esa carita de no haber roto nunca un plato. Otro punto a su favor esa simpatía que lleva allá donde va y eso me gusta

Vamos con unas fotos

Y hagamos el amor en el balcón

Un sábado de verano, me levanté a las 11:30. Corrí las persianas y vi que hacía un día maravilloso. Llamé a mi amiga Gabriela para que viniera a casa para luego irnos por ahí. Me dijo que sí pero que vendría por la tarde.

Me fui al balcón a desayunar. Se estaba de lujo. No me moví de allí hasta la hora de la comida que me preparé una pizza para comérmela en el balcón. Fui a vestirme. Me puse un vestido blanco de tirantes finos y motivos florales y lo acompañe con una sandalias romanas. Y volví a mi rinconcito del día. Corría una brisa agradable que a veces me levantaba la falda.

Vi como Gabriela, con unos shorts vaqueros y una camiseta que dejaba su ombligo al aire, se acercaba a mi portal. Eran las 17:00. Hora a la que me dijo que vendría. Llamó al timbre. La saludé desde la terraza antes de levantarme a abrirle la puerta.

Ella subió y nos dimos dos besos como buenas amigas y volvimos a la terraza. La invité a tomar algo. Ella accedió y le traje una cerveza fresquita directamente del congelador. Brindamos y empezamos a bebernosla. Queríamos ir al parque, pero estábamos tan bien que nunca nos decidíamos a irnos. Fueron cayendo las cervezas y sin saber como nos besamos.

A mi me gustó y, por la cara que puso cuando nos separamos, a Gabriela también. A ese beso le siguió otro y a ese otro más hasta que Gabriela se desabrochó los dos únicos botones que tenía su top. No tenía sujetador

– Todas tuyas, Patricia – Me dijo mientras me agarró la cabeza para que saboreara sus enormes tetas

Empecé a lamer sus pezones y notaba como se iban poniendo duros. Ella gemía muy fuerte. Le daba igual que los transeúntes o otros vecinos nos escucharan. Los que pasaban por la calle tenían difícil ver lo que pasaba porque vivía en un 7º piso. Esas personas no me preocupaba. Tampoco los vecinos aunque podrían vernos. Gabriela ya me tenía donde ella quería. Y a mí solo me importaba darle placer. Llegué a su coño. Desabroché sus shorts con algunos problemas. Y se quedaron en el suelo.

Gabriela se abrió de piernas lo más que pudo. Apoyó una de sus piernas en la barandilla de la terraza y la otra en le pequeña mesa en la que descansaban varias botellas de cervezas vacías. Yo de rodillas encima de sus shorts. Metí la lengua en su coño algo húmedo. Fui despacio. Ella gemía a la misma velocidad. Fui aumentando la velocidad y Gabriela la frecuencia y volumen de sus jadeos. Con una mano, Gabriela se agarraba fuerte a la barandilla y con la otra acompañaba a mis lengüetazos en su coño. Se corrió muy rápido y yo estaba allí para saborear los jugos que salían.

Gabriela me quitó el vestido con tanta fuerza que se me rasgó por uno de los laterales. Me empujó contra la barandilla, me abrió las piernas y me metió la mano primero por encima de las bragas y, más tarde, tras bajarme las bragas con los dientes, directamente en el coño. Yo gemía fuerte desde el principio pero subía el volumen a medida que Garbiela aumentaba la velocidad de su lengua y dedos.

Mis tetas se movían mucho, rebotando algunas veces contra la barandilla. Veía pequeñas personas que se quedaban embobadas con lo que ocurría. Se que alguno grabó la escena pero ya no me importaba. Me corrí gritando el nombre de Gabriela. Lo que a ella le puso más caliente.

Se sentó en una de las sillas y se empezó a masturbar ella misma. Yo me mordía el labio pero me quedé paralizada. Ella tenía mucho placer dentro. Con el dedo me indicó que me acercara y así lo hice. Mezclamos nuestras bocas. Gabriela dejó de masturbarse y me dio sus dedos para que los chupara. Y siguió dándose placer y volvió a repetir lo mismo. Paró y volví a chupar sus dedos.

Me senté encima de ella. Coño con coño. Empecé a moverme encima de ella muy suave para que lo sintiera. Luego aumenté la velocidad agarrándome fuerte contra los reposabrazos. Ella gemía más fuerte y su cara de placer a mi me daba más fuerzas para seguir. Nos corrimos a la vez mientras gemíamos a coro. Pero acabé agotada. Solo tenía fuerzas para darnos los últimos besos.

Eran las 19:00, Gabriela se empezó a vestir y antes de abandonar ese pequeño balcón me dio un último beso y me susurró al oído: “Repetiremos” . Yo me quedé ahí dándole el último trago a una botella de cerveza que aún no estaba vacía. Me quedé desnuda hasta que cayó la noche.

Nunca me había sentido atraída por una mujer y nunca había tenido esa tentación pero después de aquel día todo cambió. Nunca llegamos a salir como pareja pero Gabriela y yo quedábamos una vez a la semana solo para follarnos

 

Becky G

Su tema “Mayores” ha sido un éxito mundial. Su contenido altamente sexual ha revolucionado la música. Pero no es el único tema que tiene. Yo la conocí con otro tema más “light” como “Shower”.

Físicamente me encanta esta mujer, su cuerpo tostado por el sol y sus genes latinos me tienen enamorada. Su cara de traviesa más de lo mismo. Rebbeca Marie Gómez (Así se llama la muchacha realmente) puede que sea el descubrimiento más poderoso para mí en mucho tiempo físicamente hablando

Tiene 21 años y una carrera por delante (Aunque superar “Mayores” va a ser complicado). Vamos con algunas fotos de esta chica

Sombra aquí, sombra allá

Yolanda había quedado con sus amigas para ir al cine. Llevaban muchos días sin verse y habían decidido ir a ver un película que todo el grupo quería ver.

El día empezó pronto para Yolanda, pues tenía que estudiar para unos importantes exámenes. Luego tenía comida con su padres y su hermana Alba 3 años más pequeña que ella. La comida se alargó más de lo que Yolanda quiso, por lo que se fue a casa corriendo, mientras Alba y sus padres se quedaron en el restaurante.

En casa, Yolanda eligió una falda negra acompañada con una blusa blanca. Se puso unos zapatos planos y se recogió, con mucha habilidad, el pelo en una gran coleta. Se metió en el baño para empezar su ritual de maquillaje. Puso un poco de música. Empezó con el pintalabios, rimel…

Su hermana hacía rato que había llegado. No se enteró por la música que sonaba de unos pequeños altavoces colocados en la estantería del baño. Alba se quitó los vaqueros que llevó a la comida para quedarse con una bragas de un rojo ya muy desgastado por los lavados. Puso dirección al baño que tenía la puerta entreabierta. Por la rendija vio a Yolanda maquillándose. Entró

Sin mediar palabra, Alba le plantó un beso en los morro a Yolanda que la dejó con una cara de sorpresa sin apenas reaccionar. Las dos hermanas siempre habían tenido gestos cariñosos que, para cualquiera que no supiera que eran hermanas, habrían pasado por pareja. Pero ese beso descolocó a Yolanda. Un segundo beso llegó y tampoco sacó de su asombro a Yolanda. Viendo la reacción de Yolanda, Alba que estaba muy cachonda, decidió que tenía que llevar la iniciativa.

Yolanda que la vio venir intento caminar hacia atrás evitándola. La mampara de la ducha sirvió de tope y Alba lo aprovechó para un tercer beso muy apasionado que acabó por desarmar a Yolanda. La mano de Alba bajó hasta meterla por debajo de la falda. Los primeros gemidos de placer empezaron a salir de la boca de Yolanda aún anonadada por lo que estaba pasando.

La propia Yolanda se quitó la blusa, desabrochando, uno a uno, los botones de la blusa que acabó encima del váter. La boca de Alba pasó a jugar con los perfectos pechos de Yolanda. Primero algo encorsetados por el sujetador negro que llevaba Yolanda y, ya después, liberados de esa “cárcel”. Alba se recreó. Primero una teta, luego otra, las dos… Yolanda explotó de placer. Tras un beso más, bajó la boca dando besos por el resto del cuerpo hasta llegar al coño. Le bajó las bragas con los dientes fruto de la pasión que se respiraba en ese baño. Y casi antes de que llegaran al suelo ya estaba lamiendo el coño ya húmedo de Yolanda. Le abrió las piernas lo más que pudo. Se arrodilló en el frío suelo de baldosas y empezó a lamerlo. Siempre con una velocidad endiablada que hacía que los gemidos de Yolanda fueran constantes y muy fuertes.

Yolanda no tardó mucho en correrse, sacando jugos que mancharon la cara de Alba, que seguía lamiendo. Subió otra vez besando el cuerpo de Yolanda para juntar sus bocas en un pasional beso. Luego la dio la vuelta, mientras metía un dedo por el culo y le besaba la espalda. Yolanda, apoyando las tetas contra la mampara, seguía gimiendo.

Se terminaron de desnudar las dos chicas y Alba se sentó en el váter. Yolanda se arrodilló encima del montón de ropa de las dos mujeres. Le empezó a lamer el coño como si no hubiera un mañana. Alba gemía muy fuerte desde el principio. Estaba disfrutando. Yolanda acompañó a su boca con un par de dedos y Alba se corrió enseguida, sacando una fuente de jugos que lo puso todo perdido. Ambas quería seguir pero el agotamiento era visible en los rostros de las mujeres.

Yolanda miró el reloj y ya iban a dar las 7. Se dio una ducha rápida y se puso la misma ropa que segundos atrás estaba perdida en el suelo del baño. Decidió retocarse cuando llegaran al cine. Por su parte, Alba se fue del baño con la satisfacción de follarse a su hermana, algo que siempre había deseado.

Yolanda se pasó todo el rato que pasó con sus amigas pensando en el ese polvo. Nunca había tenido nada con una mujer, ni siquiera un beso. Ahora, de repente, había follado con una y, encima era su hermana.

Margot Robbie

Quizá sea la actriz del momento. Por su belleza y porque es, ahora, la mujer que aparece en más pelis. La descubrí en “Focus” con Will Smith, se consagró con Leonardo DiCaprio en “El lobo de Wall Street” y lo petó en “Escuadrón Suicida” haciendo de Harley Quinn, otra vez junto a Will Smith en el reparto.

Su belleza está fuera de toda duda. Esos ojazos y esa melena rubia (Al final tendré más rubias favoritas de lo que pensaba) la hacen espectacular. No le pondría ningún pero

Una selección de fotos suyas. Disfruten