La estrella porno

Carolina leía un libro en la terraza, mientras su padre Luis veía el partido en la tele. Estaba siendo una tarde de sábado tranquila, pero, de repente, el sonido del teléfono cambió su mundo para siempre. Luis cogió la llamada – Y se perdió el gol de su equipo – y cuando colgó, 5 minutos después, todo su mundo se desmoronó. Su mujer, Estela, había muerto en un accidente de tráfico. Carolina, que por entonces contaba con 12 años, vio a su padre llorar y se abrazó a él. Su padre, sin pelos en la lengua, le contó lo que pasaba, pero Carolina lo aceptó con una entereza que sorprendió a su padre que seguía devastado.

Habían pasado ya 8 años de aquel fatídico 16 de Marzo, y sus vidas habían conseguido reconstruirse. Carolina se fue a EEUU, dónde descubrió su lesbianismo, y prometía como estrella del baloncesto. Luis había rehecho su vida con otra mujer. Se conocieron en una fiesta y congeniaron. Poco después se consolidaron como pareja y se comprometieron.

Carolina volvía a España por primera vez desde que cargaba aquella maleta desgastada y dejando atrás a su padre y toda su vida. No había vuelto desde entonces, pero la boda de su padre era un motivo tan fuerte como para regresar. Carolina no conocía a la que iba a ser su madrastra, así que se sorprendió al ver caminando hacia el improvisado altar a Amanda Rodríguez, a quién ella conocía como Katrina Esmeralda, una actriz porno que la ha acompañado en muchas noches en las que no podía dormir. Era una gran fan y ahora sería su madrastra.

La boda salió como los novios la habían imaginado, pero Carolina solo pensaba en como le sentará a papá que a Amanda la hayan visto desnuda medio mundo, incluida su hija. Tenía claro que su padre no sabía la profesión de Amanda.

El último día, antes de la que la feliz pareja se fuera de luna de miel, Luis tenía que trabajar. Debía dejar listo unos informes antes de liberarse y pasar junto a su esposa unos días maravillosos en una isla perdida. Carolina y Amanda estaban solas en casa.

– Se tu secreto, mami – Dijo Carolina sin cortarse un pelo.

– ¿A qué te refieres? – Preguntó Amanda intrigada, que veía la tele y pegó un respingo al oír las palabras de su hijastra.

– A qué se tu secreto, Amanda – Insistió – ¿O debería decir Katrina Esmeralda?

Los ojos de Amanda se abrieron como platos. «Mierda».

– ¿Y cómo lo sabes? – Preguntó Amanda.

– He seguido mucho de tus vídeos – Afirmó Carolina, hablando como una auténtica fan – Me he masturbado mucho contigo – Confesó finalmente – ¿Lo sabe mi padre?

– No – Respondió Amanda mirando a los cojines que decoraban el sofá.

– Tranquila. Yo tampoco se lo diré, pero quiero algo a cambio.

– ¿El qué?

– Quiero que me muestres tus habilidades pornográficas – Carolina se mordió el labio y soltó una sonrisa pícara.

Amanda miraba alrrededor como si quisiera escapar de allí. Iba a decir algo obvio «Pero Carol, estoy casada con tu padre», pero esa sonrisa y esa mirada de no haber roto nunca un plato terminó por desarmarla.

– Está bien – Dijo finalmente – Tu padre no va a venir hasta las once de la noche y tenemos tiempo. Pero no aquí, vamos a tu habitación.

Carolina aceptó la petición de su madrastra.

Ya en la habitación de Carolina, las dos mujeres se comieron a besos. Carolina la tenía ganas desde que la vio con ese vestido blanco camino del altar. Desde que la vio en su primer vídeo, aún siendo menor de edad. Y ahora la tenía más cerca de lo que jamás había creído. Recordó cuando rodó un vídeo a varias manzanas de su casa. «Me contento con saber que ha estado a escasos 500 metros de mí. Es lo más cerca que estaré de ella», le comentó a algunas de sus amigas. Esas distancia se había superado en aquel momento, en el que no había ni un milímetro de separación entre ellas.

Amanda, que solo llevaba un camisón rosa, como en aquel vídeo titulado «pink´s ladys» que tantos premios y reconocimientos le había dado, quedó desnuda rápidamente. Carolina, que ya había visto esa imagen en contadas ocasiones, no pudo evitar alucinar con el cuerpazo de su madrastra. El directo siempre será mejor que cualquier vídeo. Carolina le comió las tetas con velocidad como si fuera una actriz más, pero no había cámaras. Solo estaban ellas dos. Carolina y Amanda. Amanda y Carolina.

Carolina cambió las tetas de su actriz porno por su coño. Metió su lengua y empezó a moverla. Amanda empezaba a gemir y poner las mismas caras que tan famosa la habían hecho en el mundillo y que la había permitido trabajar con las mejores actrices y los mejores directores. También le había permitido sobrevivir tantos años en la industria. Y ahora esas mismas expresiones las estaba viendo en directo su propia hijastra. Amanda terminó por llegar al orgasmo. Pegó un gemido de felicidad, que traspasó paredes. Amanda tenía una de sus manos en la cabeza de Carolina, que seguía lamiendo a pesar del orgasmo. Estaba encharcado y Amanda seguía muy cachonda.

Cuando Amanda llegó al segundo orgasmo casi seguido, decidió que era hora de que Carolina aprendiera lo que le había llevado a ser una gran estrella porno. Metió un par de dedos, mientras le comía las tetas. Carolina gemía. Se sentía protagonista del nuevo vídeo de Katrina Esmeralda. Amanda bajó besando su cuerpo desde las tetas al coño. Y cuando metió la lengua se notó toda la experiencia. Carolina no recordaba gemir tanto. Ni que pudiera gemir de tantas formas diferentes. Tampoco sabía que la lengua se pudiera mover de tantas maneras. El orgasmo llegó con bastante facilidad. Carolina gritó el nombre artístico de su madrastra. Aquello fue música para sus oídos.

Amanda siguió jugando con el coño de Carolina. La obligó a ponerse a cuatro patas, mirando a la pared dónde, como no podía ser de otra manera, había una foto de Katrina Esmeralda. Era de un set en la que Katrina era una mecánica de coches. Su cuerpo lleno de grasa siempre le dio mucho morbo, pero no tanto como follar con ella en la realidad. Los gemidos se iban sucediendo mientras Amanda seguía jugando con su lengua y haciendo que Carolina descubrieras nuevas formas de placer. El segundo orgasmo vino igual de rápido. «Joder con Katrina»

Pero aún quedaban fuerzas para que ambas mujeres entrecruzaran las piernas y frotaran sus coños. Se miraron a sus ojos llenos de deseo, mientras gemían a coro. Y llegaron al tercer orgasmo. Carolina nunca había sacado tantos orgasmo en el mismo polvo. Y estaba maravillada. Acabó agotada. Su madrastra se abrazó a ella.

– ¿Por qué Katrina Esmeralda? – Preguntó Carolina.

– Porque cuando empecé en el porno, con tu edad, llevaba el pelo verde – Dijo ella – Luego ya me teñí de rubio, pero me quedé con el Esmeralda.

Habían pasado algunos meses desde que folló con Katrina, cuando ésta anunció que se retiraba del porno. Carolina, que vio el directo que la actriz hizo para anunciarlo, no sabía si su padre habría conocido su profesión oculta y le habría hecho dejarlo o si había sido una decisión personal. En cualquier caso, Carolina sintió una desazón al saber que Katrina, la mujer que tanto la había ayudado a superar la muerte de su madre, dejaba el porno. Por otro lado, sonrió. Ahora podría disfrutar de ella. Casi en exclusiva.

Beatriz Zamorano

La parrilla televisiva veraniega suele estar llena de reposiciones, de más cine (porque suelen dejar los estrenos de nuevos programas para el inicio de la nueva temporada en septiembre) y presentadores suplentes aprovechando las vacaciones de los titulares que se suelen dar en varios programas de actualidad y en los informativos. En ese contexto, hablo de Beatriz Zamorano, quién sustituye a Helena Resano en estos meses veraniegos en los informativos de las 14:00.

El resto del año suele estar muy presente en «Al rojo vivo» que presenta Antonio García Ferreras. Cuando se él conecta con la redacción, ella es quién responde. Aunque también ha aparecido por el plató. Mucho antes de eso, empezó su carrera en la radio. Con un año de carrera ya trabajaba como redactora de los boletines informativos de M80 radio y luego del programa Hora 14, de la Cadena Ser.

En TV comenzó en Castilla y León Televisión como redactora. Y desde el 2013 trabaja en La Sexta, especialmente, como dije antes, en «Al rojo vivo».

Bea es una de esas chicas que podrían encajar en mi tipo ideal de mujer, aunque no es tan «tostada» como me suelen gustar. Aún así la veo preciosa, uniéndose así al elenco de presentadoras guapas de los informativos de La Sexta. Quizá su tono de voz la haga parecer seria, pero no le resta belleza.

Ahora, las fotos

Intercambiador

El reloj marcaba las cuatro de la tarde. El autobús en el que viajaba Victoria se detenía en la dársena correspondiente. Había completado la mitad de su trayecto. Aún le quedaba coger otro autobús que la dejaría en Santander, despidiéndose así de sus vacaciones. Cogió su habitual maleta roja llena de pegatinas de los destinos en los que había estado. Buscó en las pantallas la hora de salida de su próximo autobús. Aún quedaban dos horas.

A la misma hora, Guadalupe llegaba a la estación vía metro. 1 hora antes salía de su casa. Iba ataviada con un vestido veraniego, pamela, una sandalias y unas gafas de sol de una exclusiva marca que le había costado 300€ «Si hay que dejarse el dinero en algo, que sea en estas gafas», se dijo cuando las compró. A la estación llegó con las gafas colgadas del escote de su vestido y el sombrero colgando de la mano con la que arrastraba su maleta, que había llenado algo más de lo necesario y, por tanto, se notaban algunos bultos. El autobús la iba a dejar en Málaga, dónde su hermano y la novia de éste la esperaban, pero todavía quedaba una hora para iniciar su viaje.

Ambas mujeres entraron en la cafetería con un lapso de unos 10 minutos. Primero entró Victoria, que pidió un pincho de tortilla y un refresco. Luego entró Guadalupe quién pidió un bocadillo de jamón y una cerveza. Ambas estaban separadas por 4 mesas, pero ninguna había advertido de la presencia de la otra. Estaban en sus cosas. Mientras Victoria se dedicaba a ver las fotos que se había hecho durante sus vacaciones, Guadalupe hablaba por teléfono, posiblemente con su hermano para comunicarle la hora de llegada.

Victoria acabó antes. Se levantó de su asiento dirigiéndose al baño. Guadalupe hizo lo propio algunos minutos después. Y allí, en los baños, cruzaron sus miradas por primera vez. Victoria, estaba en los lavabos cuando entró Guadalupe. Victoria se quedó mirando a aquella chica con la excusa de retocarse el maquillaje, pero Guadalupe se acercó a los lavabos provocando que Victoria se desconcentrara tirando el pintalabios al lavabo.

– Perdón – Dijo Guadalupe mientras abría el grifo de otro lavabo – No quería asustarte.

Victoria no se había asustado, se había puesto muy nerviosa al ver aquella diosa cerca de ella. Intentó pensar en cualquier otra cosa para quitarse a Guadalupe de la cabeza, pero fue imposible.

– No te preocupes – Dijo tras conseguir serenarse.

– Me llamo Guadalupe, aunque todos me llama Guada – Guadalupe rodeó a Victoria para dirigirse al secador, a la espalda de ella.

– Yo soy Victoria. Vicky, para los amigos – Dijo. Se notaba su respiración más agitada. Y tenía miedo de que Guadalupe también lo notara.

Se dieron dos besos en las mejillas y, para sorpresa de Victoria, Guadalupe la besó en los labios.

– Te acabo de conocer y siento que hay conexión entre nosotras – Dijo Guadalupe explicando lo que acaba de suceder. Luego sonrió. Victoria perdió los papeles.

Una señora de pelo blanco salía del último urinario. Victoria miró a su alrrededor, agarró a Guadalupe del brazo y acabaron dentro de ese último urinario. La puerta se cerró tras ellas, momento en el que las mujeres dieron rienda suelta a su pasión. Los besos que se dieron estaban llenos de pasión y deseo. Pronto, Guadalupe, quién llevaba la voz cantante, llevaba su mano al coño de Vicky. Primero por encima de sus vaqueros, que provocaron los primeros gemidos, y después, por dentro, provocando que las bragas empezaran a mojarse.

Vicky acabó medio desnuda – Los vaqueros acabaron en el suelo, junto a sus encharcadas bragas, pero su camiseta solo se subió hasta que sus tetas quedaran al aire – Luego colocó una de sus piernas en la taza del water, para que Guadalupe comiera el coño. Así lo hizo, mientras Victoria le agarraba la cabeza y jugaba con sus tetas. Los gemidos se hacían más fuertes. «Ah, ah, ah, oh, oh, oh, más, más, más»

Guadalupe movía la lengua como si fuera una experta, aunque esa solo era su segunda vez con una mujer. La primera fue Cristina, una azafata de vuelo que vivía en su edificio. Por su trabajo siempre estaba de viaje, así que cuando estaba en casa apenas salían de la cama, pero Guadalupe quería más y a Cristina le dio miedo el compromiso y sus caminos se separaron. A sus amigas les contaba que todo lo que sabía del lesbianismo lo sabía gracias a Cristina. Victoria no sabía esa historia, pero podía dar fe que tenía entrenamiento previo. Nunca antes había estado tan cachonda. Quizá era por el morbo de hacerlo en unos baños públicos, que era su primera vez, pero estaba cachondísima, lo que derivó en un orgasmo épico y unos jugos que salían disparados.

Guadalupe se quitó el vestido, quedándose solo con sus bragas. Las mujeres cambiaron las tornas. Vicky se arrodillaba en el suelo y Guadalupe, usaba la taza del water para apoyarse. Sus gemidos hicieron acto de presencia, pero ésta llevó la mano a su boca para intentar suavizarlos, aunque ella había empezado esta guerra, le daría vergüenza si alguien las pillaba de esa guisa. Fue imposible taparlos a medida que la lengua de Victoria se movía más rápido entre los mojados labios de su amante. Los gemidos empezaron a volar con libertad, llenando la estancia.

Guadalupe no paraba de gemir, mientras jugaba con sus tetas: Las estrujaba como si fueran naranjas con las que hacer zumo, pellizcaba sus pezones para estimularlos o intentaba chuparlos con su lengua. Y así y con Vicky en su coño llegó al orgasmo. Un orgasmo reparador. Desde su última vez con Cristina, no había tenido nada de sexo. El orgasmo trajo consigo unos jugos, que Victoria saboreó como si no hubiera un mañana. Volvieron los besos. Seguía habiendo pasión, pero también había trazos de un amor incipiente. Justo cuando la megafonía avisaba «que el autobús con destino a Málaga estaba situado en dársena 33», las dos chicas se daban sus redes sociales y sus teléfonos, prometiéndose volverse a ver, a pesar de los kilómetros que las separaban. Con último beso se despidieron.

Guadalupe se subió al autobús buscando con la mirada a su amante, que estaba en la lejanía despidiéndola. Se puso música y acabó dormida en segundos. Victoria viajaba con ella en sus sueños. Una hora más tarde era Vicky quién debía coger su autobús. Ella, en cambio, viajó viendo una película de superhéroes, aunque su particular superheroína no estaba con ella. «Nos volveremos a ver, cariño»

Carlota Baró

Aunque comparte apellido con una de las mejores actrices que ha dado este país vista en series como, por ejemplo, «7 vidas» o «El internado» y famosa también por repartir collejas a diestro y siniestro, Carlota Baró no tiene ningún parentesco con Amparo Baró, por mucho que Wikipedia diga que la primera es nieta de la segunda. Hoy, Carlota, es la protagonista de esta sección.

Su trabajo como actriz empezó en el teatro y en 2011 da el salto a la tele con «El secreto de Puente Viejo» dónde da vida a Mariana Castañeda. Su personaje dura 5 años en la serie dónde participa en 1340 episodios, pasó por «Las chicas del cable» y ahora está en «Amar es para siempre» dónde interpreta a Coral, una dependienta de una juguetería. Ahí ha sido dónde la he descubierto y me he decidido a dedicarle este tema.

Tiene una de esas miradas intensas que te desarman, lo cuál es un gran punto para que esté en estas líneas. Y cuando la he visto sonreír tiene una maravillosa sonrisa. Y ahora añadiré unas cuantas fotos.

Interrupción

– ¡Cariño, nos vamos! – Gritó mi madre – Tienes los filetes que sobraron ayer en la nevera – Esta última frase apenas la escuché. Mi cabeza ya solo pensaba en que «tenía la tele del salón para mí sola»

En cuanto escuché el motor del coche alejarse, salí de mi habitación cargando con mi portátil. Bajé las escaleras de dos en dos, tropezándome en el último escalón. Solté una pequeña carcajada ante mi torpeza.

Buceé por la infinidad de páginas porno que te puedes encontrar por internet. Di con una que solo ofrecía porno lésbico. Miré a mi alrrededor y me sonreí a mi misma, como si quisiera convencerme de que estaba obrando bien. Conecté el ordenador con la tele mediante el conector HDMI, e hice clic en el primer vídeo. Según la imagen en miniatura, el polvo tendría lugar al aire libre. Eso siempre me había dado mucho morbo. Recordé cuando mi ex novia y yo follábamos en el jardín de su casa, día si y día también. A una de las actrices, con un sorprendente parecido conmigo misma, ya la había visto en otros vídeos, a la otra no la conocía, pero ya tenía la sensación de que no sería la primera vez que viera vídeos suyos. Era muy carismática.

A medida que el vídeo avanzaba, yo me iba dando placer. Primero llevé mi mano por encima de mis bragas rosas, que pronto se mojaron, dejando un pequeño charco que no podría disimular si alguien me pillara de esa guisa. Luego las bragas me empezaron a sobrar y me las quité. Lo mismo que mi camiseta. Me quedé desnuda al tiempo en que las actrices se comían la boca y jugaban con sus cuerpos. Mi mano se movía al ritmo de los gemidos de las actrices.

Justo en el que la actriz que podría ser mi hermana gemela le comía el coño a la otra chica, que estaba sentada en un columpio, llamaron al timbre. Le di al «pause» lanzando un bufido de rabia. Odiaba que me interrumpieran en esos momentos. Mi madre, el día anterior, ya me había advertido: «Es posible que mañana llegue el paquete que he pedido. Estate atenta», pero no esperaba que llegara en ese momento, en mi momento de máximo placer.

Conseguí ponerme la camiseta rosa con el careto de Minnie Mouse. Las bragas no las encontré, pero estaba tranquila, la camiseta era tan larga que nadie podía saber que debajo iba sin ropa interior. Abrí la puerta y, al otro lado, estaba una mujer rubia de enorme melena recogida con una coleta para que le entrara la gorra que formaba parte del uniforme.

– Busco a Paula Domínguez – Dijo ella. Su mirada se clavó en lo más hondo de mi ser. Y con lo cachonda que estaba…

– Es mi madre – Dije – Yo soy Carlota, su hija

La rubia me entregó el paquete, mientras me pedía los datos y una firma en un aparato electrónico que nunca detecta bien lo que firmas. Siempre he preferido firmar en un papel. La rubia se disponía a irse. Y yo la agarré del brazo. «Por tu culpa, estoy que me subo por las paredes. Esto no se va a quedar así», pensé.

La metí en casa. Ella no entendía nada. Y me pidió a gritos que me dejara, que tenía que seguir con su trabajo, pero yo no la dejé. Ella me había interrumpido y ella iba a hacer que llegara al orgasmo que estaba construyendo. «Tengo que seguir trabajando», me repetía una y otra vez, hasta que llevé su mano a mi coño.

– Está encharcado – Le dije.

Me miró con cara de sorpresa

– Ya lo noto – Seguía tensa, mirando furtivamente a la puerta de entrada.

– Vas a acabar lo que me has quitado – Le dije lo más críptica que pude ser. Aún así, ella pareció entenderlo.

Le señalé el suelo y ella se puso de rodillas. Poco a poco se iba ablandando. «Esto va a ser bueno para las dos», parecía decir. Me levanté la camiseta, dejando las orejas de Minnie a la altura de mis tetas. Me empezó a comer el coño con velocidad. Las ganas de salir de allí y seguir trabajando aún era altas. Y eso se notaba en sus movimientos, pero a mí me gustaba. Como también me gustaba que fueran más lentas y me hicieran sentir más. Todo tenía un momento. Y ahora tocaba ir más rápido. El vídeo había acelerado el proceso.

Mis gemidos se liberaron y cada vez era más fuertes. Ella movía la lengua cada vez con más velocidad. Yo gemía cada vez más fuerte. A veces me faltaba el aire para seguir el ritmo, pero mis ganas eran mucho más fuertes y era capaz de recuperar el aliento en mitad de un gemido. Llegué al orgasmo. Ya había compensado lo que me había quitado con su inoportuno timbrazo, pero ya que estaba…

Le quité los botones de su uniforme y, por fin, pude fijarme en su nombre. Lo llevaba en una placa de metal junto a su teta derecha, aunque no por mucho tiempo.

Irene – Así se llamaba – quedó desnuda más rápido de lo que movía su lengua. Yo también mi quité la camiseta. Minnie desapareció de mi visión. Acabó besando el suelo. Como nosotras, que nos comimos la boca por primera vez. Sus labios eran sabrosos, como el más exquisito manjar. Podría estar besándola a todas horas.

Se tumbó en el sofá. Yo, con mi espalda, aparté la mesa dónde mi padre guardaba todas esas revistas deportivas que tanto le gustaban, y me puse de rodillas. Le comí el coño con la misma velocidad que ella me lo había hecho a mí, pero yo lo acompañé con un par de dedos que la mojaron mucho. Sus gemidos demostraban que le gustaba, así que yo seguía moviendo la lengua con más velocidad. El orgasmo era inevitable. Pude ver cómo Irene llevó sus manos a su cuello y se «autoestrangulaba» mientras yo le daba los últimos lengüetazos. El orgasmo hizo acto de presencia. E inundó el salón. Irene me pedía más.

Entrecruzamos las piernas. Nos miramos fijamente mientras gemíamos y nos movíamos despacio, aunque luego iríamos más rápido. A golpe de cadera nos íbamos excitando más y más. Nuestros gemidos se mezclaban en el aire. Gemíamos a coro. Estábamos formando la más hermosa melodía que hayamos oído. De vez en cuando, cuando nuestros gemidos nos dejaban, nos comíamos la boca. Llegamos al segundo orgasmo, que nos dejó agotadas en el sofá.

Pero Irene se visitó rápido y se marchó por la puerta. No me dio tiempo ni a pedirle su número. Me asomé por la ventana para ver a la furgoneta marchar. Supe en ese instante que no iba a volver a verla.

Valarie Allman

El pasado 15 de Julio comenzaban en Eugine (Oregón, EEUU) los mundiales de atletismo de 2022. Y una vez concluidos aprovecho para hablar de una de las medallista del equipo anfitrión, concretamente de Valarie Allman, bronce en lanzamiento de disco.

Al Mundial llegaba con la vitola de gran favorita a colgarse el oro, puesto que venía de ganarlo en los últimos JJOO disputados en Tokio, pero esta vez se tuvo que conformar con el bronce. La superaron la china Feng y la croata Perkovic. Aún así, es la primera mujer estadounidense en colgarse una medalla en esta disciplina en unos mundiales

En 2014 representa a EEUU por primera vez en los mundiales juveniles donde consigue la plata. En 2017, en Doha, disputa sus primeros mundiales absolutos, dónde llega a la final, pero no pasa del 7º puesto. Su mejor marca de siempre es de 71,46m.

Aunque las lanzadoras suelen ser unas mujeres musculadas y con un aspecto bastante más masculino (Y sé suena a tópico), Valarie me parece muy femenina con respecto a muchas otras que también compiten en lanzamiento de disco. Es por ello, por lo que Valarie tiene un tema aquí. Ya puede presumir de ello. Un logro más en su carrera.

Ahora ilustraré el post con unas fotos

Representante de futbolistas

El marcador reflejaba un 0-0. Era un partido intrascendente ya que Las Águilas se habían proclamado campeonas en la jornada pasada y eso provocó que la entrenadora saltara al campo con un equipo repleto de suplentes. En el banquillo esperaba su oportunidad Lisa, una prometedora delantera del equipo filial que podía tener sus primeros con el primer equipo. En el minuto 70 el balón se perdió por la banda y la entrenadora no lo dudó: Era el momento del debut de Lisa.

Con el 34 a la espalda, la joven de 18 años entraba al campo bajo una sonora ovación que jamás olvidará. No tardó ni dos minutos en marcar su primer gol, que celebró señalando a sus padres, que estaban en la grada. Hizo varias jugadas interesantes, pero el marcador no se movió. Su equipo había ganado 1-0 gracias a su gol. Ni en el mejor de los sueños pudo imaginar semejante debut.

Lisa se presentó en el entrenamiento del día siguiente con esa sonrisa de oreja a oreja que aún mantenía desde que saltó al campo. Aquella mañana seguía formando parte del plantel del primer equipo. Lisa estaba en una nube.

Después del entrenamiento, y de cambiarse en los vestuarios, la entrenadora se acercó a ella.

– Lisa, ¡A mi despacho!

Lisa no respondió. Simplemente se limitó a seguir a la entrenadora por una serie de pasillos decorados con fotos de los grandes momentos que había vivido el equipo. Lisa esperaba figurar en las próximas fotos. Subieron las escaleras que llevaban al piso de arriba, dónde la entrenadora tenía el despacho y, también estaba la sala de visionado dónde estudiaban a las rivales. El despacho de la entrenadora era grande. Se entraba por una puerta doble de color rojo, a juego con los colores del equipo. Dentro una mesa alargada que ocupaba gran parte del espacio. Tras ella, un gran ventanal que daba a los campos de entrenamiento para los equipos del fútbol base, desde las benjaminas hasta las juveniles. En aquel momento el equipo juvenil estaba usando uno de esos campos. De la pared que quedaba a la derecha colgaban diferentes fotos de la entrenadora: En la presentación con el equipo, con su primera liga, abrazada a Gabriela, leyenda del club, y la más especial, con su madre ataviada con la camiseta del equipo dos semanas antes de morir. A esa foto estaba mirando una mujer, vestida con un traje de chaqueta y pantalón negro.

– Lisa, te presento a Mónica Palacios – Se estrecharon la mano, mientras la entrenadora se sentaba en su silla – Es una agente de la agencia de representación TotalFootball y estarían interesadas en tenerte en nómina.

– Lo que hiciste ayer nos dejó patidifusos – Dijo Mónica – Creemos que tienes un gran futuro por delante. Y nosotros queremos solo a los mejores. ¿Te interesa?

Lisa no contestó de primeras. Estaba en shock. Ayer no era nadie, pero ahora todos conocían su nombre.

– No tienes que responder ahora – Añadió Mónica consciente de la importante decisión que debía tomar – Solo piénsatelo. Toma – Mónica le entregó una tarjeta – Llámame cuando tomes la decisión.

Mónica abandonó el despacho.

Una semana después, en el mismo edificio, Lisa y Mónica se volvieron a encontrar. Lisa había llamado a Mónica tras haber sopesado la decisión durante mucho más tiempo del que ella misma esperaba. Lisa siempre se había movido por impulsos. Incluso, la decisión de jugar al fútbol fue tomada sin pensar. Estaba volviendo a casa, vio a dos chavales jugando al fútbol usando una lata de Coca-cola como balón y ya había decidido, pero aquella decisión no podía tomarse a la ligera.

Se encontraron en una especie de sala de estar con varios sofás. Mónica llevaba una falda negra y una blusa roja. Su chaqueta, también negra, colgaba de su brazo derecho. Parecía lamentar habérsela puesto con el calor que hacía. En la otra llevaba un maletín de cuero. Estuvieron hablando de cosas intrascendentes hasta que Mónica sacó el tema que la había traído hasta aquí.

– Entonces, ¿Aceptas? – Preguntó Mónica a una Lisa, que terminaba de beberse una bebida isotónica.

– Sí, creo que es el mejor paso que puedo dar ahora – Respondió.

Lisa miro a su alrrededor. Buscaba un lugar más discreto. Lo encontró rápido, justo detrás de ella. En una pequeña puerta mimetizada por los colores de las paredes. Era una de las múltiples oficinas distribuidas por todo el edificio. Aquella era la sala de las fotocopias. Hacia allí se encaminaron las dos chicas. Una vez cruzado el umbral, Mónica sacó unos folios grapados de su maletín.

– Este es el contrato – Le dijo a Lisa mientras señalaba a los papeles que acababa de dejar encima de una pequeña mesa.

Lisa se acercó a Mónica, cogió los papeles y empezó a leerlos.

– Sin prisa – Añadió Mónica – Es tu futuro. Si tienes alguna duda…

Lisa parecía leer con detenimiento, pero, en realidad, solo le estaba echando un vistazo. Parecía estar conforme con las cláusulas. Firmó. Hubo un nuevo apretón de manos.

– Pues ya está – Dijo Mónica volviendo a guardar los papeles en el maletín – Ahora tú céntrate en jugar como ayer – Segundo partido con el primer equipo. No marcó, pero repartió dos asistencias – y serás la mejor futbolista del mundo.

A Lisa se le dibujó una sonrisa en la cara imaginando grandes momentos que estarían por llegar.

– Gracias – Dijo Lisa, después de algunos segundos de fantasía – Creo que estoy en las mejores manos.

Mónica le tendió la mano, pero Lisa la abrazó como si se conocieran de toda la vida. Después del abrazo llegó un beso que descolocó a ambas. A Lisa porque nunca antes se había besado con otra mujer y a Mónica porque tenía una hija de la edad de Lisa y no esperaba que alguien tan joven se fijara en alguien mayor. Se hizo un silencio incómodo, solamente roto por una frase de Mónica que dejó volar la imaginación de ambas.

– Será nuestro secreto – Dijo.

Lisa asintió y volvió a besar a una Mónica que por fin pudo deshacerse de la chaqueta que había estado cuidadosamente doblada en su brazo hasta ahora. Mónica se sentó en la mesa dónde antes habían estado esos papeles. Lisa, que no era muy alta, tenía su cara frente a las tetas de la señorita. Con delicadeza, le desabrochó los botones y le comió las tetas. Su lengua se movía con velocidad, igual que se movía ella en el campo. Una de las grandes virtudes de Lisa era su velocidad. Fuera del campo, al parecer, también. Mónica daba fe de ello. Sus gemidos hablaban por ella.

Lisa buscaba con su mano el coño de Mónica, con sutileza le levantó la falda, hasta que las bragas quedaron visibles. Mientras con su lengua seguía poniendo los pezones duros, sus dedos iban mojando un coño que ya se había humedecido. Los gemidos subían el volumen.

No tardó Lisa mucho en bajarse hasta el coño y meter su lengua. Primero la pasó por encima de las bragas, negras como falda y chaqueta, y, posteriormente ya sin ella. Su lengua contra su coño. Los gemidos de Mónica volvían a subir el volumen. Lisa, hacía autenticas virguerías con su lengua, como con un balón en los pies.

Mónica llegó al orgasmo y lloró de emoción. No se había sentido deseada desde hace algunos años. Desde el divorcio con su marido y padre de su hija. Desde entonces nada de nada… Hasta que llegó Lisa. Una jovencita tan buena jugando al fútbol como hermosa. Alguna compañera la había apodado «La Sharapova del fútbol» por su parecido con la tenista rusa.

En la otra punta de la sala, enfrente de la mesa dónde estaba Mónica abierta y en pelotas, había un pequeño sofá blanco. Lisa nunca entendió qué hacía allí, pero tenía claro que iba a darle uso. Se quitó el chándal y dejó un cuerpo tan pequeño como perfecto que hizo las delicias de Mónica. Primero la besó. Sus lenguas libraron una batalla tan placentera que ninguna quería perder. Luego, besó cada rincón del cuerpo de Lisa hasta llegar a unas tetas que eran gordas y turgentes, bastante grandes en comparación al resto del menudo cuerpo. Allí se entretuvo mucho tiempo, mientras Lisa gemía con la misma facilidad a la que regateaba rivales.

Lisa acabó tumbada en el sofá con las piernas abiertas. Mónica se puso a su lado. Metió la lengua en ese coño tan mojado que pedía guerra. Mónica empezó a mover su lengua mientras Lisa gemía con fuerza. «Ah ah ah»

Lisa llegó a un orgasmo maravilloso. Ella misma lo calificó así. Las dos mujeres entrecruzaron las piernas y buscaron llegar al segundo orgasmo frotando sus coños. Lisa iba un poco más rápido, aunque trataban de darle la misma fuerza cada una. Y así cayó el segundo orgasmo, con el que se acabó el partido. Ya habría tiempo para hacer un partido de vuelta.

Ambas se vistieron y abandonaron el lugar por separado. Primero Mónica que se dirigió hacia su coche sin volver la vista atrás. Luego salió Lisa, con la misma sonrisa que el día de su debut con el primer equipo. Si alguien preguntaba a Lisa cuál era el mejor día de su vida, seguramente diría el del debut, pero en secreto confesaría que el mejor día de su vida era aquel, el día que folló con Mónica, una mujer de bandera.

Poco a poco la presencia de Lisa con el primer equipo se iba consolidando al mismo tiempo que se afianzaba su relación con su representante. La nube seguía creciendo. Y Lisa vivía en esa nube. Solo esperaba que no se rompiera.

Paula Usero

Carol Rovira ya pasó hace algunos años por esta sección y hoy le toca al otro 50% de esa pareja lésbica que nació en «Amar es para siempre» y dio el salto a la época actual con «Luimelia»: Paula Usero. Ahora está de actualidad por la peli «Llenos de gracia» que protagoniza junto a Carmen Machi. La peli va de una monja que monta un equipo de fútbol. Machi es la entrenadora y Paula una suerte de mano derecha de Machi.

Pero antes de todo eso, Paula, cuando aún era niña, ya estaba en todas los televisores de España. Ella protagonizaba diferentes anuncios como, por ejemplo, el de las míticas Muñecas Famosa «que se dirigen al portal»

En 2015 debuta en el cine, en la película «El Olivo» y trabajó en la serie «Velvet collection», una secuela de la serie «Velvet». A «Amar es para siempre» llega en la sexta temporada, dónde interpreta a Luisita, una de las hijas de Manolita y Marcelino. Poco a poco su papel adquiere un protagonismo por su relación con Amelia. Una de las parejas más aclamadas dentro del colectivo. Y eran muchas las voces que pedían una serie solo para ellas. El sueño se hizo realidad en «Luimelia», que lleva 4 temporadas y se puede ver en Atresplayer premium.

En el cine, su gran papel hasta la fecha es en la película «La boda de Rosa» que le otorgó una nominación a los Goya como actriz revelación, que no ganó. Si ganó otros premios como uno llamado «Un futuro de cine» o algunos junto a su novia en la ficción por la visibilidad.

Aunque Carol Rovira me parece más guapa que Paula, ésta también tiene una belleza descomunal, además de una sonrisa natural y genuina que contagia. Es una mujer muy risueña, muy alegre y espontánea.

Llegan las fotos

No se lo digas a papá

Estaba sentada en el sofá. Tenía en una mano el mando a distancia, y en la otra el móvil, dónde leía algunas críticas sobre la nueva película de Angelina Jolie, que ya estaba en emisión en Netflix.

Ante la buena acogida que tenía la peli, decidí verla. No solía ser muy habitual que yo viera películas a altas horas de la noche, pero no tenía que trabajar al día siguiente, así que pulsé el botón «Play». Me puse cómoda. Me tapé los pies con una fina manta y me dejé caer sobre los cojines.

Con los créditos finales apareciendo en la televisión de 42 pulgadas recién adquirida en unos grandes almacenes, escuché una llave entrando en la cerradura. Me sorprendí, no esperaba a nadie a esas horas. Cuando la puerta se abrió por completo y vi a mi madre, me sorprendí aún más. Creía que ya estaría abrazada a los brazos de Morfeo, pero no, estaba frente a mí con un elegante vestido negro y los tacones en la mano.

– ¿De dónde vienes a estas horas? – Usé el mismo tono que ella usaba conmigo cuando era yo quién llegaba tarde. Aún recordaba la Nochevieja del 2007 cuando llegué a casa a las 6 de la mañana y mi madre estaba sentada en su sillón con la luz apagada. Aunque fui sigilosa, ella supo que estaba allí y me tragué la bronca. Ahora era mi turno.

– Del cine – Me respondió, mirando alrrededor como si buscara una cámara oculta o algo que la convenciera de que aquello no estaba pasando – Hemos ido a ver esa peli de superhéroes.

Carmen, mi madre, sopló de alivio como si creyera que me había creído su mentira, pero ambas sabíamos que no era así.

– Mamá – Dije cruzándome de brazos – Las pelis de superhéroes no te gustan. Y, además, esa película dejó de emitirse hace dos semanas – ¿De dónde vienes? – Volví a preguntar.

Mi madre volvió a mirar a su alrrededor nerviosa. Resopló.

– Vale, me has pillado. ¿Te acuerdas del monitor del gimnasio al que vamos tu padre y yo? Pues he ido a cenar con él – Confesó al fin

Casi hubiera preferido que me hubiera mentido de nuevo, porque me estaba reconociendo que le estaba poniendo los cuernos a mi padre. Vale, no me lo estaba diciendo explícitamente, pero era evidente que no era su primera escapada con el monitor.

Se hizo un silencio incómodo, que solo se rompía con el motor de algún coche.

– No se lo digas a papá – Me dijo, casi suplicándome de rodillas.

– Está bien, pero con una condición

Mi cara dibujó una mueca con un alto componente de pillería. Mi madre se dio cuenta, aún así preguntó:

– ¿Cuál?

– Que folles conmigo esta noche – Dije, pasándome la lengua por mis labios.

– ¡Saray! – Gritó. La cara de mi madre era todo un poema. Sabía por dónde iban los tiros, pero escucharlo era otra cosa bien distinta

– ¿Acaso no estás haciendo lo mismo con ese monitor?

Me levanté del sofá y me acerqué a ella. La agarré de la cintura y ella soltó su tacones, que rebotaron contra el parqué haciendo el ruido que trataba de evitar cuando entraba por la puerta. La besé en los labios. Fue un beso muy corto.

– Está bien – Dijo mi madre – Pero será nuestro secreto – Se llevó su dedo índice a su labios.

Carmen me empujó contra el sofá. Ella dejó caer su vestido. Era la primera vez que veía desnuda a mi madre y estaba maravillada con aquella nueva visión. Alguna vez había fantaseado con ello, pero su imagen real era mucho más potente que cualquier fantasía. Se puso encima de mí y le comí sus enormes tetas, mientras ella jugaba con mi clítoris. Mi madre empezaba a gemir, y yo iba detrás, aunque mis gemidos aún estaban esperando a ser liberados. Mi lengua aún quería jugar.

Mi madre cambió su mano por su lengua y fue cuando mis gemidos se liberaron de golpe, como un pájaro que encuentra su jaula abierta y vuelve a volar. Fue entonces cuando dejé la vista en blanco y me dejé llevar. Mi madre jugaba en mi coño con su lengua. Sus ojos brillaban. Estaban llenos de deseo. Era una fiera recién liberada. Nunca había visto así a mi madre. Y me encantaba.

No tardé mucho en llegar al orgasmo. Solté mi gemido más potente, para poco después quedarme completamente vacía. Me recompuse, recuperé el resuello y ataqué a mi madre, que se colocaba para recibir. Abrió las piernas todo lo que pudo, ante la estrechez del sofá, y yo metí mi lengua en un mojado coño lleno de pasión y deseo. Esa misma pasión y ese mismo deseo que mostraba la dueña.

Ver a mi madre gemir me ponía muy cachonda. Me aproveché de esa circunstancia para mover mi lengua más y más rápido. Y para sacar toda mi artillería. Metí varios dedos – Casi conseguí introducir el puño – y los moví tan rápido que ni siquiera los sentía, como si tuvieran vida propia y se hubiera separado de mi cuerpo. Los gemidos de Carmen se hacía más fuertes e iban invadiendo la estancia, rebotando por las paredes, hasta llegar a mis oídos en forma de la melodía más preciosa que habían oído. Mi madre llegó al orgasmo. Y llenó todo con sus jugos.

– ¡Ha sido maravilloso! – Me susurró al oído

Nos comimos la boca, mientras volvíamos a recuperar el aire. Mi madre me volvió a empujar contra el sofá, se puso sobre mí, llevó su mano a mi cuello, mientras frotábamos nuestros coños. Me tenía acorralada, pero me gustaba estar acorralada y podría estar así horas y horas. Tener a mi madre encima de mí era un sueño hecho realidad, que mejoraba cualquier expectativa que pudiera tener.

Llegamos al segundo orgasmo con facilidad, como si se nos cayeran los orgasmos de los bolsillos. Acabamos derrotadas en el sofá, besándonos, acariciándonos y amándonos. Pude ver cómo mi madre se levantó mientras yo iba cerrando los ojos.

Mi madre, al día siguiente, me recordó que lo ocurrido era un secreto, pero prometió que la historia con el monitor se había acabado. Conmigo quería seguir jugando. Estaba enganchada a mí, como una droga.

Astrid Berges-Frisbey

¿Qué estabas haciendo tú un 11 de Julio de 2010? Seguramente viendo el España -Holanda que coronaría a la selección española como campeona del mundo. Sin embargo, un grupo de gente no estaba pendiente del partido, sino de intentar robar el Banco de España. Esa es la premisa de «Way Down», una película protagonizada por Freddie Highmore, Luis Tosar o Astrid Berges-Frisbey.

En la película, Astrid es Lorraine, quién se encarga de fichar para el equipo de ladrones al personaje de Freddie. Es un as del acento y de camelar a cualquiera de quién necesitara sus servicios. Aunque debuta en el cine en 2006, sin duda este papel es el más importante de su carrera. Otros grandes papeles son los de «El rey Arturo: La Leyenda de Excalibur» o «Piratas del Caribe: En mareas misteriosas», cuarta entrega de la saga, dónde aparece Penélope Cruz

Ella nace en Barcelona. Tiene padre español y madre francoamericana y tiene la doble nacionalidad francoespañola. Decide dedicarse al teatro cuando su padre muere.

Físicamente me parece una chica preciosa, pero envuelta en un aura de misterio, lo cuál le da un toque aún más bello. Toda una camaleona en cambios de look. Ya en «Way down» tiene diferentes cambios de estilos y todos bien llevados.

Ahora las fotos